Palabras del Pastor

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Mons. Richard Alaron Urrutir- Arzobispo Metropolitano del Cusco

Muy queridos amigos y amigas, que la paz del Señor Jesucristo reine en vuestros corazones.

Este domingo, continuamos nuestro camino de seguidores de Jesús, como sus discípulos, aprendiendo de sus palabras. Los domingos anteriores, Jesús nos hacia las recomendaciones como a sus seguidores, como a aquellos que luego fueron enviados a llevar su mensaje.

Los siguientes domingos, vamos a entrar a lo que se llama el discurso parabólico, en el Evangelio de San Mateo. Estos textos, son una acumulación de parábolas que utilizaba el Señor Jesucristo para poder hacer entender a la gente el contenido de su mensaje, pues Él ha venido a anunciarnos el Evangelio y el Evangelio, es el Reino de Dios presente entre los hombres.

Jesucristo, es el que inicia el Reinado de Dios en medio de los hombres, para que pudiera entender la gente sencilla y humilde su mensaje. Como hemos dicho el domingo pasado, quienes acogen el mensaje del Reino, son los humildes, los sencillos y en su mayoría eran pescadores, agricultores, ganaderos, era gente de trabajo. El Señor utilizaba las parábolas para explicar a la gente el mensaje del Reino de Dios y lo hacía haciendo comparaciones de la vida cotidiana que tenían los judíos en aquella época, para que pudieran comprender y entender su compromiso como constructores del Reino de Dios. Jesucristo es el primero, sus seguidores están llamados a continuar este camino de ser constructores del Reino de Dios.

Por eso, este domingo la Palabra de Dios nos presenta una parábola muy interesante que todos la hemos escuchado desde que éramos niños: “La Parábola del Sembrador”, en este pasaje se muestra la figura del hombre que sale con un cumulo de semillas a sembrar y esparce las semillas; algunas caen en un lugar donde no crecen; otras caen, crecen y se agotan en poco tiempo; otras llegan a buena tierra y germinan, esas semillas, crecen y dan buenos frutos.

Esta hermosa parábola que Jesucristo también nos la ha presentado en muchas oportunidades de nuestra vida, hoy nos la vuelve a lanzar a nosotros para nuestra reflexión en estos tiempos que estamos ahora viviendo, frente a esta sociedad que cada vez se vuelve más dura, más seca frente al mensaje del Señor. La sociedad de hoy, es un terreno difícil; por lo tanto, esta parábola nos invita también a pensar cómo va creciendo y germinando la semilla del Reino de Dios en esta sociedad en la que estamos viviendo. Por lo pronto, Jesucristo nos invita a tomar consciencia de nuestro papel como discípulos de Jesucristo, como sembradores de semillas, ese es el primer mensaje que nos da Jesucristo. Tú cristiano, tú cristiana, por el hecho de ser Bautizado, eres participe de la misión de la Iglesia; eres un sembrador de semillas, el Señor te ha dado las semillas del Reino en tus manos, en tus palabras, en tus gestos y tu labor es sembrar y esparcir esas semillas al terreno de la sociedad.

Hoy en día la sociedad es un terreno y tenemos que hacer lo posible como buenos sembradores para que la semilla penetre en lo profundo de la tierra, germine y crezca para que haya buenos frutos. ¿Y cuáles son esos frutos? son los frutos del Evangelio, el amor, la paz, la justicia, la fraternidad, la solidaridad y un mundo diferente.

Miren como el pasaje de la parábola que nos presenta el Señor, nos da a entender que hay terrenos duros, terrenos llenos de piedras, terrenos llenos de malezas, terrenos que ahogan las semilla y no la dejan crecer, esa es la sociedad de hoy en día. Por lo tanto, el Señor nos invita a evaluar las semillas del Reino de Dios, ¿cómo están creciendo, en tu familia, con tus compañeros de trabajo, con aquellos que comparten contigo todos los días? Mis hermanos las semillas del Reino de Dios, en esos corazones tienen que crecer y germinar para que el día de mañana haya familias diferentes, haya situaciones diferentes de vida, donde todas las personas puedan gozar de los frutos del Reino. Pídele al Señor para que te ayude a ti a ser un buen sembrador, un buen cultivador del terreno, un buen agricultor que logre que las semillas del Reino de Dios lleguen a dar los frutos que todos esperamos.

Querido hermano y hermana, no te olvides que este domingo la Palabra de Dios, te recuerda que tú eres un sembrador de semillas del Reino, el resto déjalo en manos de Dios, Él hará crecer las semillas que tú siembras y cambiará el terreno de los corazones. No te desanimes, trata de fortalecerte en tu misión y que el Señor te ayude en esta tu tarea.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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