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Palabras del pastor

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Jn 8, 1-11

Muy queridos hermanos y hermanas, estamos ya concluyendo el Tiempo hermoso de la Cuaresma; que la misericordia y la paz de Jesucristo que entrega una vez más su vida por nuestra salvación, llegue al corazón de cada uno de ustedes, a sus familias y a sus comunidades parroquiales.

En estos domingos la Palabra de Dios nos pone frente el tema de la Misericordia Divina. El domingo pasado vimos la actitud hermosa del padre que abraza al hijo que vuelve arrepentido, es el abrazo del perdón, el volver, el retornar, esa es la palabra clave del domingo pasado.

Este domingo el Evangelista Juan nos presenta un pasaje tan humano y conmovedor, de la mujer que es sorprendida en adulterio y los fariseos están dispuestos a apedrearla conforme a la ley de Moisés, ellos le muestran a Jesús el caso y Él  les da una enorme lección.

Para esta semana es importante meditar y reflexionar cómo nos ve Dios cuando somos conscientes de nuestra condición de pecadores y como nos ven los demás; encontremos la actitud que tiene la gente y la que tiene Dios frente a nuestra realidad de pecado y nuestra condición de pecadores.

La escena es muy conmovedora, una mujer que por diferentes debilidades ha cometido adulterio y es sorprendida; desesperada y llorosa la manipulan, arrastrándola por las calles, la mayoría conformaba el grupo de los fariseos, estos eran hombres que creían ser puros y santos, según la ley de Moisés, la mujer debía morir apedreada; la conducen delante de Jesús y le preguntan: ¿Qué dices tú, Jesús de esta mujer? Y utilizan por argumento “la ley nos dice que  debe morir”, la pobre mujer llorosa en ese instante se encuentra en el filo de su vida, porque moriría apedreada.

Esta escena es muy importante, los fariseos representan a todas las personas que se fijan en el pecado del otro y olvidándose de su condición de pecadores juzgan, condenan, critican y como conocemos en el argot popular “chismean” el pecado de un hermano o una hermana.

Jesús inmediatamente lanza una sentencia muy profunda a estos hombres “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, quién eres tú para juzgar a tu hermano”, son palabras muy profundas, y ¿cuál es la actitud de nosotros frente al error del hermano que comete un delito?; entonces reflexionemos ya que podemos caer en el mismo error de los fariseos, y la pregunta que Jesús nos hace es: ¿quiénes somos para juzgar al hermano?

Pasamos la mirada a la actitud de Jesús, Él se acerca con mucho respeto, le tiende la mano, la trata con cariño, con mucha ternura y le dice: “Mujer, nadie te ha condenado, yo tampoco te condeno, levántate” y esta es la palabra clave para esta semana “levántate”. Dios no te condena, no te juzga, ni te castiga, si todo pecado nos lleva a hundirnos, Él nos comprende, nos ofrece su mano para levantarnos.

“Yo no te condeno, te comprendo, sé muchas cosas que los demás no saben y comprendo muy bien tu situación, levántate”, ese es el perdón de Jesús, un perdón que reanima, que reconstruye y levanta la vida.

Mi hermano, tú también puedes estar en la misma situación de esta mujer; en esta Quinta Semana del Tiempo de Cuaresma,  te invito a que te coloques frente a Jesús y si los demás te critican, escucha la voz de Él, “Nadie te condena mujer, hermano yo tampoco te condeno levántate y vuelve a empezar de nuevo”. Que esta experiencia la puedas vivir en el transcurso de estos días; la anterior semana fue el abrazo, ahora es la mano cariñosa de Jesús, levántate y comienza a caminar;  tus errores, tus pecados serán perdonados.

Que el Señor te ayude en esta última Semana de Cuaresma y te conceda su bendición.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia

Arzobispo Metropolitano del Cusco

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