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Palabras del Pastor

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Lc 10,25-37

Muy queridos hermanos y hermanas, que el amor y la paz de Jesucristo Resucitado reine siempre en vuestros corazones, sobre todo en el seno de vuestros hogares, donde Cristo quiere traer esa bendición especial para la comunidad familiar.

Estamos avanzando el tiempo y entramos a la décimo quinta semana del tiempo ordinario y la Palabra de Dios nos sigue acompañando en nuestro caminar como cristianos. No olvidemos que somos discípulos misioneros de Jesucristo y Él es nuestro maestro que nos va instruyendo en nuestro camino y con la luz de su palabra va iluminando todos los acontecimientos que vamos viviendo día a día.

Empezamos este mes de julio, este mes dedicado a nuestra patria. Tanto tenemos que reflexionar y pensar nosotros como cristianos que aporte estamos dando a la construcción de una sociedad humana y cristiana donde se respeten los valores y lo más importante, donde se defienda la dignidad de la persona humana, sus derechos y sobre todo la protección de la familia, de la vida humana, de la juventud, del trabajo y de la salud.

Es importante que nosotros los cristianos no solamente nos entendamos como espectadores de lo que ocurre en nuestra sociedad. Creo que el mes patrio nos hace un llamado a la conciencia y al corazón, ¿Qué estamos haciendo por el Perú que todos queremos? Ese Perú que ahora en estos días nos ha levantado el ánimo a través de la práctica del deporte y nos ha unido en una sola fuerza muy grande que hoy tenemos que orientar y aprovechar para inyectarla de fe, porque, así como hemos ovacionado a nuestros jugadores, representantes de nuestra patria en un campeonato deportivo, así también tenemos que inyectar de fe y esperanza, de amor nuestra sociedad peruana. Que este mes de julio sea una renovación de un compromiso muy profundo serio y responsable por construir nuestra sociedad peruana desde nuestra condición de cristianos, desde el evangelio y sobre todo en nuestras familias.

En segundo lugar, es el mes dedicado a la Virgen del Carmen. Nosotros en todo el sur del Perú, no olvidamos que tenemos una Madre que ha sido coronada por el Papa San Juan Pablo II como Reina y Patrona nuestra. Que la Virgen del Carmen, madre de Jesucristo y madre de la Iglesia nos alcance a todos muchas bendiciones que hoy más que nunca necesitamos. Entonces, la Virgen y el amor a la patria nos tienen que llevar este mes de julio a compartir nuestra fe.

Estamos caminando en el Tiempo Ordinario y Jesús nos quiere instruir sobre un elemento fundamental de nuestra vida cristiana que nunca va a pasar de moda, que nunca debemos olvidar y menos ignorar porque de esto depende toda la vida de fe de la Iglesia, de cada cristiano y es lo que hoy necesita nuestro mundo. Jesús nos presenta el diálogo que tiene con un Maestro de la Ley sobre el Mandamiento del amor: ¿Qué tengo que hacer para ganar la vida eterna? Ojalá todos pudiéramos preguntarnos dentro de nuestro corazón ¿Realmente tenemos aspiraciones a esa vida después de esta vida? Por qué esta vida terrenal es pasajera, mañana más adelante ya no estamos ¿Pero que viene después? El anhelo de buscar la felicidad eterna tiene que ser la motivación más grande en nuestro corazón, más allá de las cosas naturales y necesarias como son las cosas materiales, la familia, el trabajo, el dinero y la salud importantísima, pero el hombre es más que eso.

Esa primera pregunta es muy importante y Jesús le dice: Cumple los Mandamientos, ahí viene el segundo tema, cumplir los Mandamientos. ¿Qué papel juegan en nuestra vida los Mandamientos de la Ley de Dios?, ¿orientamos nuestro actuar diario, nuestra relación con el Prójimo, con la familia, con la Iglesia en base a los Mandamientos o son simplemente Principios que tenemos guardados en la memoria pero no pasan al corazón y menos a la acción? Jesucristo nos responde de una manera muy importante cuando le contesta al Maestro de la Ley: Si está muy bien amar a Dios y amar al prójimo, son las dos normas fundamentales. Pero dice también: ¿Quién es mi prójimo? Una pregunta muy importante que también tenemos que hacernos hoy en día, porque podemos tener un concepto muy equivocado y Jesús no nos habla de un prójimo que está a nuestro lado sino de una actitud de cercanía con aquel que está delante de nosotros, que está pasando necesidad. Y nos pone la hermosa Parábola del Buen Samaritano, que tiene un proceso, una mirada de amor que descubre el dolor del hermano, una reflexión profunda de lo que yo puedo hacer y; tercero, se pone a actuar para curar al hermano que está enfermo y finalmente lo devuelve sano, se preocupa por él. entonces ¿cuál es la intención de la respuesta que dio Jesús?, ¿Quién es mi Prójimo? No se trata de quién es mi prójimo, sino que actitud tienes tú, hazte prójimo de.

Esa es la enseñanza que nos deja Jesús y esa debe de ser la señal del cristiano, hacerse prójimo. No solamente mirar. Debemos salir a su encuentro a través de actitudes, palabras, gestos.  Compartir el amor con aquel que más lo necesita. Esto es fundamental para nuestra vida cristiana. Una vida cristiana sin amor, sin hacerse prójimo de los demás, no tendría razón ni tampoco tendría sentido. Jesucristo lo hizo así y quiere que la iglesia siga su camino: hacerse prójimo del hermano que más nos necesita a su lado, hasta poder cumplir y cubrir la necesidad que tenía hasta ese momento.

Mi hermano y hermana, aprende de esta lección de Jesús y ponte a evaluar esta semana que actitudes de amor diario tienes tú con Él, y si te haces prójimo de aquel que más lo necesita. Que Su bendición te acompañe toda esta semana.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia

Arzobispo Metropolitano del Cusco

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