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Palabras del Pastor

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Lc 15,1-32

Muy queridos amigos y amigas, somos una Iglesia que camina con los jóvenes, ya estamos a poquísimos días de este gran evento, dónde convocaremos a todos los jóvenes de las parroquias de nuestra Arquidiócesis, nos estamos planteando una meta de más de mil jóvenes que estarán reunidos durante tres días para poder trabajar el compromiso de los jóvenes cristianos católicos, en estos tiempos que estamos viviendo.

Pido sus oraciones a todos ustedes, en la familia, grupo parroquial y en los momentos que puedan pidan al Señor, que el Espíritu Santo ilumine a todos los que van a participar en estos eventos maravillosos que es la corona de este Año Misionero de la Juventud.

Casualmente los mensajes del Evangelio de estos domingos parece que estuvieran dirigidos hacia los jóvenes, los domingos anteriores el Señor nos ha hecho un llamado a seguir su camino, a ser valientes, asumir retos y el compromiso con Jesús de construir un mundo diferente, lleno del amor de Dios; nada fácil, pero con Jesús todo se puede. El Señor cuando llama a seguir su camino, nunca espera a que sean perfectos; a aquellos que decidan seguir su camino, el Señor tiene una mirada muy diferente, y Él mira a aquellos que de repente tendrán que cambiar sus vidas para poder seguir a Jesús y hace presente sus ideales.

Por eso este domingo le llamamos el Domingo de la Misericordia, es Dios que llama por medio de Jesucristo a los jóvenes a seguir el camino del Evangelio, el camino del reino de Dios, el camino de ser testigos del amor de Dios en medio de la sociedad. Y para eso no va a elegir el Señor a los jóvenes perfectos, santos y puros; el Señor pone su mirada en la miseria humana, en los pecadores y débiles.

Querido joven, que te conoces a ti mismo y sabes muy bien de repente cuáles son tus límites, el Señor pone su mirada y esperanza en ti, Él busca casualmente en esas condiciones qué tienes porque Él tiene un amor misericordioso, donde el Señor destina todas las fuerzas de su amor para poder levantarte si estás caído, para poder complementarte si te sientes de repente dividido interiormente, para poder fortalecer si te sientes débil ante tal pecado o ante tal situación.

Todos somos pecadores, pero a pesar de ser pecadores tenemos nosotros la mirada misericordiosa y amorosa de un Dios que nos tiende la mano para levantarnos. El Señor nos propone este camino y decir, vale la pena, levántate y haz de ti este camino.

Este domingo nos presenta Jesús unas parábolas maravillosas, que son las parábolas de la misericordia y casualmente nos presenta un Dios que sale a buscar al que está perdido, nos pone las parábolas de la oveja perdida y de la moneda perdida; como el pastor y la dueña de la moneda no se quedan con los brazos cruzados diciendo, bueno se perdió qué voy a hacer, tengo otras más me quedo conforme, no, el Señor deja todo lo que tiene para buscar a la oveja o buscar la moneda que están perdidas, ¿Cuánto vale para Dios lo que está perdido? en ese sentido ¿Quiénes son los que están perdidos? casualmente nosotros los pecadores que también tenemos en nuestra vida dificultades, debilidades y quizás nos hemos equivocado de camino, Dios no te excluye, no te discrimina, el sale al encuentro de los que más necesitan de su amor y  cuando ya lo recuperan vuelven felices y contentos para organizar una fiesta; la fiesta de la alegría del amor de Dios y eso es lo que quiere. A ti joven, Dios te necesita, así como eres, con tus cualidades y tus defectos, con tus virtudes y tus debilidades, Él quiere cargarte sobre sus hombros y que sientas la alegría de estar en la fiesta del Señor.

Nos pone en el evangelio la hermosa Parábola del Hijo Pródigo, todos hemos escuchado muchísimas veces y casualmente aquel hijo que se fue de la casa era un joven, era el hijo menor de la familia, un jovencito que se fue, se alejó y gastó todo su dinero; luego regresó a la casa de su padre arrepentido y su padre no lo recibió con palo, no lo recibió con una actitud de llamarle la atención o de repente de castigarlo por lo que había hecho, ¿Que hizo el padre? salió a su encuentro y lo abrazó, lo besó y llenó con su amor todas sus miserias que había tenido, ese jovencito se sintió acogido y se armó una fiesta dentro de su casa.

Así el Señor, hoy más que nunca te pide a ti querido joven, a ti querida joven que por más dificultades que tengas en tu vida Dios quiere que tu participes de su fiesta y Él espera que tu regreses, Él sale a buscarte y en ese encuentro te abraza lleno de amor, nunca te sientas excluido por más problemas que tengas, acércate al Señor y veras como su amor y misericordia te va a convertir en un seguidor de Jesucristo y tendrás alegría, paz y gozo en tu corazón.

Cristo necesita hoy que muchos jóvenes sepan reconocer sus debilidades y comprometerse a seguir con Jesucristo construyendo su reino de amor en medio de nuestro mundo. Que Jesús te colme de muchas bendiciones.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia

Arzobispo Metropolitano del Cusco

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