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Palabras del Pastor

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Lc (17,11-19)

Muy queridos hermanos y hermanas, en este mes de octubre somos Misión y somos Amazonía; sigamos orando y rezando para que Dios inspire al Santo Padre, el Papa Francisco, y a todos los obispos de la región Amazónica de América Latina que están reunidos en Roma. No dejemos de orar, que el espíritu muestre caminos nuevos para una Iglesia con rostro Amazónico y que también ayude a encontrar una mejor atención a nuestra casa común, el pulmón del mundo que es la Amazonía.

No olvides que eres misionero, que tienes que hablar de Jesucristo en tu familia, trabajo en tu comunidad, no tengas miedo, no tengas vergüenza, se dice de todo, se habla de todo, entonces ¿por qué no podemos hablar de Jesús?, querido hermano da testimonio de ese amor que tienes hacia Jesucristo, eres el primer misionero y la Iglesia tiene que ser misionera. Cada cristiano tiene que ser misionero con amor y por amor.

Seguimos en camino de discípulos del maestro, Él nos viene enseñando sobre el tema de la fe. Ya hemos visto el domingo pasado su reflexión sobre lo importante que es la fe en cada cristiano; tiene que ser muy fuerte, pequeñita al principio, pero crece hasta conseguir lo imposible. Con Cristo todo se puede.

Entonces hermanos vamos a seguir lo que dice el Evangelista San Lucas sobre el tema de la fe en Jesucristo. Nos habla de un relato, un caso de 10 leprosos que vienen a pedirle a Jesús un favor y Él con ese espíritu de compasión y misericordia les cura la enfermedad de la lepra.

No olvidemos lo que era la lepra en los tiempos de Jesús, no era una enfermedad como cualquiera que podamos encontrar ahora, era terrible, acababa con la vida de las personas en poco tiempo y deshacía su carne. En tiempos de Jesús un leproso era marginado y excluido, incluso se decía que la causa de su enfermedad era por ser pecador, por lo tanto, los despreciaban al ser pecadores públicos. Ellos venían pidiendo a Jesús, con fe, que los cure y Él atiende este pedido, luego ellos van a lavarse y quedan todos curados y se van, sólo uno de ellos regresa a agradecerle. Creo que este es un pasaje que nos tiene que hacer pensar. A veces nos acercamos a Dios para pedirle un favor, por alguna necesidad y Dios accede por su infinita misericordia. Recibimos el don que Dios da y nos vamos; no somos capaces de tomar el camino para Señor y para que nos ha dado este bien. En este caso el leproso se dio cuenta que había quedado sano y no solo vino agradecer a Jesús, sino que se convirtió en su seguidor, entonces viene la fe que produce el milagro, la respuesta y el seguimiento de Jesús.

Esto nos invita a reflexionar, por las veces que nos acercamos al Señor para pedirle por situaciones personales, enfermedades en la familia problemas en el trabajo; toda esa especie de “heridas”, entonces se las traemos al Señor y si tenemos fe profunda, Él nos cura y nos devuelve la paz, nos da ideas de cómo superar esas situaciones. El Señor actúa, pero también quiere salvarnos. No es sólo recibir sus beneficios, el significado de ser salvado es volver a Jesús y empezar el camino para ser un misionero, su anunciador. Entonces no es sólo ser sanado, sino también ser salvado. Ser salvados significa encontrarnos con Jesús, amarlo, seguirlo y vivir según sus enseñanzas.

Qué este mes de octubre el Señor despierte en nosotros la fe de este leproso que retorno agradecer y a seguir sus pasos

No lo olvides y siempre reflexiona en los beneficios que Dios nos da todos los días:  la vida, el trabajo, salud, familia y los hijos; tantas cosas recibimos de Él así que debemos ser agradecidos. Que este agradecimiento también sea un compromiso, conforme a todos estos beneficios.

Que el Señor te colme de muchas bendiciones y no te olvides que somos Misión y somos Amazonía.

En el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu santo, Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia

Arzobispo Metropolitano del Cusco

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