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Palabras del Pastor

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Lucas (20,27-38)

Muy queridos hermanos y hermanas que la paz de Cristo resucitado siempre reine en vuestros corazones. Hace pocos días hemos celebrado la fiesta de “Todos los Santos” y la conmemoración de nuestros fieles difuntos, creo que estos dos elementos de nuestra fe nos abren a la reflexión. Nos acercamos a final de este año litúrgico y del año cívico, al finalizar este tiempo viene a nuestra mente ¿qué será de nuestro futuro cuando termine esta vida? y ¿qué nos espera en la otra vida? Tanto la fiesta de los santos como la conmemoración de los difuntos nos hace pensar en nuestro futuro.

La palabra de Dios de estos últimos domingos nos va iluminando sobre esta realidad que es parte de nuestra fe. Todos nosotros cuando rezamos el Credo decimos: “creo en la resurrección de la carne”; precisamente este es el tema en que vamos a trabajar estos domingos antes de la fiesta de Cristo Rey. El hombre de hoy muchas veces, motivado con tanta tecnología y con tantas ocupaciones del presente puede olvidar la experiencia más allá de la muerte y nuestra visión cristiana nos ayuda a identificar y entender que nuestra vida no termina con la muerte, no estamos hechos para terminar en una tumba, nuestra fe nos ilumina haciéndonos comprender que el hombre tiene dos componentes: el cuerpo y el espíritu; la fe que tenemos en esta realidad espiritual nos permite pensar que, terminada nuestra vida en la tierra nos espera otra vida donde el espíritu continúa viviendo. Por eso los primeros cristianos cuando pasaban el momento terrible del martirio lo hacían gozosos, llenos de esperanza porque sabían que después de esta vida les esperaba la corona de la vida eterna, Jesús a través de su predicación nos dice que el objetivo y la meta de nuestra vida no es en la tierra, sino en vida eterna.

Vamos a entrar a trabajar durante estos domingos el tema de la vida eterna, en estos tiempos que vivimos nos surge la pregunta ¿qué pensamos nosotros de ese mañana que nos espera tarde o temprano al niño, joven, adulto y anciano?; todos pasaremos por la muerte, entonces ¿cómo esperamos nosotros ese mañana después de la muerte? Casualmente en el Evangelio de esta semana, el evangelista Lucas nos presenta un pasaje de Jesús frente a los saduceos, ellos eran un grupo político religioso que no creían en la resurrección, para los saduceos la vida del hombre terminaba con la muerte, ellos no esperaban una resurrección y Jesús aclara que si existe una resurrección y Él mismo se presenta como la resurrección, “yo soy el camino, la verdad y la vida; yo soy la vida y la resurrección, entendemos que la vida no termina con la muerte y entonces Jesús responde a los saduceos: “Dios no es un Dios de muertos sino es un Dios de vivos”, aquellos que pasan de esta realidad a la otra vida, en esa otra vida hay una vida sin final, esta es una esperanza muy grande para todos nosotros, por eso es que en el “Día de los Difuntos” vamos a los cementerios no solo a recordar a un pariente o amigo que ha muerto, sino para unirnos con un ser que está vivo en la otra vida y oramos por ellos, pedimos que nos acompañen, que sigan manteniendo viva su presencia en nuestros corazones y esa es la esperanza que a todos nosotros nos motiva a saber, que después de esa vida nos espera una vida nueva porque para Dios todos están vivos después de esta vida.

Entonces hermanos reflexionemos y pensemos durante estos días, ¿qué esperamos nosotros en nuestra vida terrenal? y ¿qué nos espera para el mañana después del umbral de la muerte?

Que el Señor nos ilumine para que nunca perdamos la esperanza de saber que Dios nos espera con los brazos abiertos y que nos acompaña siempre.

En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia

Arzobispo Metropolitano del Cusco

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