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Palabras del Pastor

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Mt 5, 38-48

Muy queridos amigos y amigas, desde este hermoso claustro del templo franciscano de la Recoleta del Cusco les hago llegar a cada uno de ustedes mi saludo fraterno, deseándoles muchas bendiciones del Señor.

Estamos en el Año Misionero de la Familia, nuestro lema motiva a la familia a ser camino de santidad. Continuamos en el Tiempo Ordinario e iniciaremos la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza, y prepararnos para la Pascua del Señor este 2020.

Este domingo presentamos a Jesús a en su vida misionera y reflexionaremos el sermón de la montaña. ¡Qué importante es que ustedes cojan su biblia y ubiquen el evangelio de Mateo! A partir del capítulo 5 en adelante, Jesucristo presenta el programa del Reino de Dios, es la propuesta que nos trae Jesús para poder hacer de este mundo, un mundo donde reine el amor de Dios. Este discurso empieza con las bienaventuranzas, bienaventuranzas con las cuales deben vivir los discípulos de Jesús en medio del mundo. Hemos recordado el domingo pasado que debemos ser sal y luz en la tierra, después nos recordó cómo debemos interpretar los mandamientos de la ley de Dios, estos vienen a ser más que prohibiciones; son la voluntad de Dios para un mundo en paz, fraternidad, donde el Reino de Dios esté presente para tener una sociedad cristiana, en la cual prevalezca la dignidad humana, el amor a Dios y el amor al prójimo. Jesús nos enseñó el domingo pasado cómo debemos valorar la biblia, la familia y el cómo proteger y cuidar la unión familiar.  

Continuamos entonces ahora en este último domingo de la primera parte del Tiempo Ordinario escuchando a Jesús que comenta en el sermón de la montaña dos elementos muy importantes para la vida del cristiano, no sólo para su época sino para la época actual, donde las relaciones humanas son muy conflictivas, la violencia, enfrentamiento y competencia nos dan una especie de código moral para vivir y sobrevivir. Jesús nos plantea dos pensamientos que estaban considerados en la práctica de los judíos y que hacían daño, el primero es: “Ojo por ojo; diente por diente”, lo que me haces tengo que hacértelo yo también contigo, el segundo es: “Ama a tu prójimo, pero aborrece a tu enemigo”. Hermanos esta práctica judía ahora persiste actualmente en las relaciones humanas, la venganza, el olvidar la dignidad humana, siendo uno de distinta, raza, nacionalidad, lengua y crea una relación de ataque, violencia, discriminación y muchas veces, indiferencia.

¿Y cómo debemos actuar los cristianos? Debemos ser diferentes, ante un mal que te hagan, perdona, comprende, ora por tu hermano, no respondas mal por mal; al contrario, ante cualquier actitud nuestra respuesta debe ser hacer el bien, responder evitando llegar a una confrontación, nuestra actitud debe ser de oración y compresión por aquel que nos hace daño. Buscar la reconciliación y hacer todo lo posible para que el problema entre dos personas se logre superar y reconciliar, ¡cuánto de esto debemos aprender!

Debemos eliminar de nuestras relaciones el dicho: “Aborrece a tu enemigo”. Jesús nos enseña que somos hijos de Dios y, hermanos, no tenemos que estar buscando una actitud negativa ante aquellos que puedes calificar como enemigos, los que está contra ti y habla mal de ti; trata siempre de mirar con los ojos de Dios, todos somos sus hijos y debemos ayudarnos para tener una relación en paz, debemos eliminar el término enemigo y buscar una relación fraternal.

Es importante este principio que nos enseña Jesús, debe ser materia también de educación en el hogar, familia, y desde niños enseñarles a nuestros hijos para que sean instrumentos de paz en la sociedad.

¡Que el Señor de los Temblores derrame todas sus bendiciones a toda tu familia y a seguir adelante hermanos, con alegría y responsabilidad cristiana!

Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia

Arzobispo Metropolitano del Cusco

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