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Palabras del Pastor

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Juan (9,1.6-9.13-17.34-38)

Muy queridos hermanos y hermanas desde este convento y parroquia de Cristo Pobre les hago llegar mi saludo fraterno en este tiempo de Cuaresma.

Ya entramos a la cuarta semana de Cuaresma, y es importante para todos nosotros prepararnos bien para nuestro encuentro con Jesús resucitado en la fiesta de la Pascua. Hermanos estamos en el Año Misionero de la Familia y estamos buscando el cómo aprovechar este tiempo de Cuaresma para conseguir la santidad familiar, queremos familias santas, donde los esposos vivan el amor, donde asuman la responsabilidad de educar y formar a sus hijos, que la familia sea un santuario de la vida una comunidad de amor una escuela de valores. Para eso necesitamos estar en permanente conversión y la Cuaresma nos ayuda a cambiar ciertos elementos, para convertirnos en el mensaje que Jesucristo nos quiere dar para la familia, la familia cristiana es una buena noticia, es un evangelio, pero a la familia cristiana hay que construirla, hay que trabajarla, hay que pulirla y hay que mostrarla al mundo como una comunidad donde se vive la fe el amor y la paz.

En La Palabra de Dios nos presenta una nueva figura que debemos reflexionar para nuestra vida cristiana y también para nuestra vida familiar, no se olviden la primera semana de Cuaresma hemos visto las tentaciones del desierto, la segunda semana hemos visto la Transfiguración de Jesús, la tercera semana hemos visto a Jesucristo en su encuentro con la samaritana y en esta cuarta semana, la Palabra de Dios nos presenta en el Evangelio de San Juan, el encuentro de Jesús con un ciego y Jesús cura al ciego y recupera la vista, por la Palabra de Jesús puede ver y lleno de emoción se pone de rodillas ante Jesús y le dice: “creo en ti Señor”,  que paisaje tan hermoso para esta cuarta semana del tiempo de Cuaresma.

Mis queridos hermanos cuando nos alejamos del camino de Jesús entramos en un camino de oscuridad y nos volvemos ciegos, porque el pecado nos lleva a la ceguera y ya no sabemos a dónde vamos, y entonces podemos caer, al enemigo de Dios le gusta vernos caidos y sumergidos en las tinieblas, Jesucristo no quiere eso, Él es la luz del mundo “Yo soy la luz del mundo el que me sigue no camina en tinieblas”, eso nos quiere decir la Palabra de Jesús en esta cuarta semana del Tiempo de Cuaresma y lo quiere decir a la familia, una familia que pierde su contacto con Jesús entra en la oscuridad y cae en las tinieblas, entonces Jesucristo no quiere que nosotros vivamos como ciegos, no quiere esposos ciegos, no quiere esposas ciegas, no quiere hijos ciegos, Jesús quiere que tengan la luz de la vida, que tengan un sentido, un objetivo y que todos caminen iluminados buscando este objetivo.

La familia cristiana tiene un solo objetivo: la felicidad, ¿para que se unen los novios y se unen en matrimonio y fundan una familia? para ser felices, no para hacerse la vida imposible, ¿para que traen los hijos al mundo? porque son fruto de la felicidad y cuando un padre tiene hijos tiene que buscar la felicidad de sus hijos, prepararlos para que el día de mañana sean hombres y mujeres de bien, y así sus vidas felices de ver a sus hijos desarrollando su vida social; también desde la fe es importante saber que Dios quiere la felicidad para todos sus hijos, por eso la familia es un lugar de felicidad, no de oscuridad, sino de luz, Jesús es la luz que te trae casualmente la búsqueda de la felicidad para tu familia.

Queridos hermanos, queridos esposos, queridos padres, queridos hijos, una familia no está formada por gente perfecta, siempre habrá oportunidades de mal comportamiento, de algunas actitudes que no son correctas, aprende a perdonar, aprende a comprender, aprende a superar esas debilidades que forman muchas veces conflictos y crisis en la familia, en vez de estar discutiendo, faltandose el respeto o gritando, queriendo educar a los hijos con palo, con palabras soeces, tú estás fomentando más oscuridad, se la luz que ayude a superar esas debilidades, y la luz de Cristo te dará sabiduría, la palabra correcta, el perdón, la reconciliación y el abrazo, no caigamos en la tentación de la ceguera en la familia y que Cristo entre a curar tu ceguera, querido esposo, querida esposa queridos hijos que el Señor les dé la luz y la sabiduría para que puedas hacer de tu hogar un hogar feliz donde brille la luz del amor de Cristo, que Él los acompañe en esta semana en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia

Arzobispo Metropolitano del Cusco.

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