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Palabras del Pastor

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San Juan (20,19-31)

Queridos hermanos y hermanas con la alegría de Cristo resucitado, me dirijo a todos ustedes para renovarles mi deseo de una feliz Pascua de Resurrección y la hermosa experiencia de vivir la presencia de Jesús resucitado en vuestras vidas.

Hemos iniciado este Tiempo de la Pascua, son 50 días que la Iglesia nos ofrece para poder renovar nuestra fe y fortalecer nuestra misión de anunciar a los hombres que Cristo que está vivo y vive en el corazón de la Iglesia, todos los domingos meditaremos los textos de los evangelios sobre las apariciones del resucitado, y muchas de las costumbres que tenemos ahora en nuestra Iglesia Católica vienen casualmente de esa época, de ese tiempo maravilloso donde los apóstoles se encontraban con Jesús resucitado y compartirán con Él, 50 días estuvo Jesús acompañando a sus Apóstoles fortaleciéndolos la fe; por ello empecemos este itinerario después de haber participado de la pasión y muerte del Señor, ahora toca alegrarnos de su resurrección.

Nunca olvidemos que el fundamento de nuestra fe cristiana y católica es la resurrección del Señor, San Pablo llegará a decir: “si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”, Cristo ha resucitado y él da testimonio de esta experiencia, este Tiempo de la Pascua, tiene que ayudarnos a fortalecer y renovar nuestra fe.

Entonces vamos a ir viendo los elementos que nos traen los evangelios, en este segundo domingo y segunda semana de Pascua encontramos que Jesús se aparecía un día especial, no cualquier día, sino el primer día de la semana, al primer día de la semana los cristianos le pusieron el nombre de Dominus Dei, “día del Señor”, de ahí viene el nombre de domingo, , por eso celebramos el domingo la Eucaristía y los cristianos le han puesto ese nombre en todo el mundo, ya son siglos desde, que se estableció el domingo como el primer día de la semana, día del Señor.

En segundo lugar Jesús cuando se aparece a sus discípulos tiene una manera muy propia de saludar: “la paz sea con Ustedes”, en la Misa el sacerdote siempre va a proclamar esta palabra porque él presenta a Jesús resucitado, Jesús cuando se aparecía traía ese mensaje de paz, esa paz que es muy distinta a la paz mundana, esa paz que nos llena el corazón de alegría, por eso los discípulos frente a este saludo dice el Evangelio, se llenaron de alegría; el encuentro con Jesús que nos saluda, comunicándonos su Palabra nos llena de alegría, la alegría es una característica de la experiencia Pascual y nunca debemos perder esa alegría.

El Papa Francisco ha tomado como base esta palabra desde que empezó su ministerio, la alegría del Evangelio, la alegría de la familia, la alegría de la santidad y él siempre nos recuerda y recalca que el cristiano no debe ser una persona triste, amargada, aburrida, pesimista, si creemos en Cristo resucitado nuestra primera actitud y reacción es la alegría.

En tercer lugar Jesús en este Evangelio del segundo domingo de Pascua, establece el ministerio de los apóstoles que es el Sacerdocio, para que ellos sean los transmisores de la presencia y de la paz de Cristo, y les da el poder y potestad, sopla sobre ellos el Espíritu Santo, en una ordenación sacerdotal, en el momento en que se ordena, cuando el Obispo impone la mano sobre el candidato le transmite el poder del Espíritu Santo, por último, Jesús nos envía como Él fue enviado, “yo les envío a ustedes a llevar al mundo la alegría de la Pascua, la alegría de la resurrección, la alegría de Jesús vivo y resucitado”.

Esa es la primera parte del Evangelio, pero también hay una segunda parte que es la duda de un apóstol, la Iglesia siempre va a tener que enfrentar cuestionamientos, críticas, preguntas, dudas, ¿habrá resucitado?, ¿no será una mentira? ¿no será una invención? ¿no será un cuento?, estamos en El Siglo XXI y todavía hoy, nos encontramos con muchas corrientes que aun dudan y niegan la resurrección de Cristo y entre los apóstoles había uno, ¿que le dice Jesús a este apóstol? ¿Tomas por haberme visto has creído?, felices los que crean en mí sin necesidad de verme”, tenemos que hacernos un cuestionamiento muy fuerte,  ¿hasta qué punto realmente creemos en Jesús?, cada domingo cuando venimos a la Misa tenemos que repetir la palabra del apóstol Tomás: “Señor mío y Dios mío yo creo firmemente que estás vivo y presente entre nosotros”.

Hermanos que esta Palabra en del Señor nos anime en esta segunda semana de Pascua a compartir la alegría con la familia, que el Señor resucitado les bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. 

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia

Arzobispo Metropolitano del Cusco.

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