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PALABRAS DEL PASTOR

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San Mateo 18,15-20.

Muy queridos hermanos y hermanas, con gran alegría nos volvemos a encontrar empezando este mes de septiembre.

No olvidemos que estamos en el “Año Misionero de la Familia” y el mes de septiembre es el mes de la familia, entonces les pido de manera especial, centrar su oración y su reflexión, es estas enseñanzas que nos va impartiendo la Iglesia a través de la Palabra de Dios, para el bien de nuestra familia.

No olvidemos que todavía estamos en este tiempo de pandemia y continuamos en estado de cuarentena focalizada en el Cusco, tengamos cuidado en cumplir con todas las disposiciones sanitarias que nos da el gobierno, por el bien de los miembros de nuestra familia, no descuidemos este aspecto tan importante.

Estamos siguiendo este año el Evangelio de San Mateo y San Mateo nos ha propuesto el Sermón de la Montaña, donde Jesucristo presenta el proyecto de una nueva vida, la vida cristiana, luego hemos reflexionado sobre los misterios del Reino de Dios, que Jesús nos ha explicado a través de las parábolas; el mes de agosto se nos ha recordado que un elemento fundamental para construir el Reino de Dios, es la fe, hemos visto todo el mes de agosto los diferentes elementos de la fe del cristiano, con la fe se construye la familia cristiana, con la fe se construye el Reino de Dios en medio del mundo como Iglesia.

Los domingos de setiembre, vamos a desarrollar diferentes temas sobre un aspecto fundamental del Reino de Dios, que es la fraternidad; Jesús cuando nos expone el Evangelio, anuncia que Dios es Padre y si Él es Padre, todos somos sus hijos y si todos somos sus hijos, todos somos hermanos, sin distinción, ni  diferencias, entonces el Reino de Dios, es un reino de hermanos, cada miembro de esta familia de Dios tiene que entender este sentido de la fraternidad, Jesús mismo trabajó esto con sus discípulos, eran doce hombres de diferentes edades, de diferentes culturas, de diferente manera de pensar, tuvo muchas dificultades, pero les decía siempre, “todos ustedes son hermanos” y casualmente sobre este tema nos va a hablar todo este mes de septiembre el evangelista San Mateo.

Jesucristo nos va a recordar cuáles son las condiciones que debemos tener para cultivar la fraternidad, en primer lugar, la fraternidad a nivel de familia, el cómo cuidarse el uno al otro, en segundo lugar, la fraternidad a nivel de la comunidad eclesial en la parroquia, y finalmente la fraternidad a nivel de nuestra sociedad, cuando estamos insertos en una comunidad social, debemos de ser hermanos y hacer fraternidad con los demás; sin la fraternidad se pierde uno de los aspectos fundamentales del Reino de Dios, que es un reino de hermanos en Cristo.

Entonces empezamos este tema, tocando dos elementos que nos presenta Jesús en este relato del Evangelio, en primer lugar la corrección fraterna y en segundo lugar la fuerza de la oración comunitaria, vamos a ver el primer tema que nos dice Jesús, en la comunidad de seguidores de Cristo, en la Iglesia, no todos somos iguales, tenemos virtudes y defectos, nadie es perfecto, Jesús no vino a llamar a una comunidad perfecta, todos somos pecadores y tenemos elementos que son buenos y hay que cultivarlos, en eso la comunidad ayuda a mejorar los aspectos positivos, las virtudes, las cualidades, pero también cuando surgen dificultades y limitaciones, los hermanos tienen que ayudarse unos a otros, en una auténtica corrección fraterna, saber decirle al hermano que se está portando mal, saber decirle al hermano que debe cambiar de comportamiento, porque está afectando la fraternidad y Jesús nos plantea en el Evangelio el cómo debemos de hacerlo.

Primero de manera personal, para evitar esos chismes, esos comentarios, ese hablar por detrás, esas críticas negativas, que en vez de ayudar dificultan, si no hace caso ha ese diálogo personal, recurrir a otros hermanos y si no hace caso a los otros hermanos, recurrir a la comunidad, solamente Jesús dice: “aquel que ya no quiere hacer caso a todos sus hermanos, se ha excluido de la comunidad”, pero antes da una serie de oportunidades.

Hermanos esto es muy importante en la familia, sabemos que en la familia ninguno es igual, todos son diferentes, hombre, mujer, esposo, esposa, padre, madre, hijos, entonces tienen que ayudarse mutuamente a corregir sus defectos, sus limitaciones, de una manera fraterna, no con insultos, no con sarcasmos, no con actitudes negativas que destruyan, sino saber ayudarse mutuamente.

En segundo lugar, dice Jesús “cuando dos o más se reúnen en mi nombre, lo que le pidan a mi Padre se los dará”, la fuerza de la oración comunitaria, la oración tiene que ser una oración fraterna, por eso en la Misa siempre acogemos las intenciones de muchas personas, es la fraternidad la que le da fuerza a la oración y cuando uno sabe que sus hermanos piden por él, se siente confortado, animado y acompañado.

Corrección fraterna y oración comunitaria, dos elementos importantes para mantener viva la fraternidad en nuestra vida cristiana, que el Señor nos acompañe en esta semana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Richard Daniel Alarcón Urrutia

Arzobispo Metropolitano del Cusco.

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